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Tarde para la historia. Ureña, cumbre, corta un rabo; Roca, intratable con tres orejas, y Caballero dos ante un corridón histórico de Daniel Ruiz

Ureña indulta a Diablilo, de Daniel Ruiz; Roca, tres orejas en plan figurón, que cuaja a Belicoso y Caballero se suma a la fiesta el día de su feliz alternativa.

Sábado 13 de septiembre 2025. La crónica de Salvador Ferrer. Albacete

Casualidades de la vida, el periodista que suscribe esta crónica llegaba a las 15:30 al hotel. Allí estaba en el hall el doctor Pascual González Masegosa, cirujano de la Plaza de Toros de Albacete, que había quedado con el “paciente” Andrés Roca Rey para infiltrarle. Le agradecí al doctor que nos invitara a un café pero desistimos por cuestión de discreción. En la plaza, el doctor y el maestro peruano siguieron comunicándose por el callejón.

Tras el grave percance sufrido el viernes en Valladolid (prendido tres veces, con una contusión torácica y fuertes magulladuras), diversas pruebas médicas confirmaron una fisura con desgarro intercostal en el 7º costal derecho. Las radiografías y el TAC descartaron fractura de costilla, aunque se detectó una fisura. A Roca le recomendaron reposo. Al garete el reposo cuando uno es máxima figura del toreo.

Reposo hasta vestirse de tabaco y oro para estar a las 18 horas en el patio de cuadrillas y hacer el paseíllo en Albacete. La plaza colgó el “no hay billetes”. A Roca el fenómeno de masas actual llamado “Neomorantismo” no le afecta en la taquilla. Roca lleva años llenando plazas, Morante hace desde hace muy poco.

Manuel Caballero, de blanco y oro, (oreja y oreja), tomó la alternativa en su plaza por la vía de la sustitución. Qué gesto tan torero de Paco Ureña, un tío auténtico, que le cedió la muleta y la espada al maestro Manuel Caballero para que oficiara de paisano el doctorado de su hijo. Muy emotivo. El toro de la alternativa tenía buena expresión pero poca fuerza. Noble: dulce y frágil como un Miguelito de La Suiza en la boca. No pudo armar faena Manuel pero sí dejar muletazos sueltos con buen gusto. La estocada valió una oreja. Fulminante. La petición de la segunda fue una broma. O puro paisanaje.

El sexto tuvo bien aire. Anduvo centrado Caballero. Lo toreó con sentido del gusto y de la medida. Otro buen toro de Daniel Ruiz. La estocada fue superlativa, como al toro en el que se convirtió como matador de toros. Soberbio. La apuesta le salió bien. Cortó una oreja y la terna se fue a hombros en una tarde histórica. Los agoreros que disfrutan cuando las cosas salen mal, ayer sufrieron. Que sigan mamando, dijo Maradona en una célebre rueda de prensa. Pues eso.

Paco Ureña, de azul marino y oro, (silencio y dos orejas y rabo simbólicos), se las vio con uno de Daniel puro Jandilla. Abierto de cuerna, estrecho de sienes. Comenzó con estatuarios muy firmes. El Domecq de La Mancha la tomaba con nobleza y cierto celo si bien derrotaba en los finales. No trascendió la labor del torero de Lorca. El burel se vino abajo.

El cuarto fue un toro grandón, lustroso. Ureña le sopló un quite por gaoneras, de más firmeza que limpieza. Brindó Paco al público, se le vino el toro como un tren y, lejos de rectificar, se puso de rodillas para torear en redondo a un toro que tuvo gran fondo. Bravura y clase. Y una humillación extraordinaria. La serie posterior tuvo entidad y solidez. El pase de pecho, tremendo y largo. Se descalzó Ureña, como para sentir más una tierra que siente como propia. Aquí vive, casado con la hija de un Dios de Albacete y del toreo. Siempre Dámaso. Al natural, abrió el compás como a veces suele y bordó un fajo de naturales. Hubo una dosis más, el vuelo al hocico, el corazón a pedazos. Luego vino una serie en redondo rotunda y maciza. La mejor de la tarde hasta ese momento. El trazo largo, la figura entregada, el alma al aire. A su estilo Ureña, que gozó a Diablillo, gran toro de Daniel Ruiz. Se mascó el indulto y Paco siguió cuajándolo hasta que asomó el pañuelo naranja. Justo cuando se encendieron las luces. Precioso. Como emotivo fue el abrazo entre Paco Ureña y Daniel Ruiz. En el nombre del padre, honor a Daniel Ruiz Yagüe, excepcional y apasionado ganadero, in memoriam.

Roca Rey, de tabaco y oro, (oreja y dos orejas), se las vio con un ofensivo y descarado daniel, retinto de capa. El público de Albacete, buena afición hay en La Mancha, tributó con una ovación al peruano, que pudo mandar parte médico pero prefirió infiltrarse y dar la cara en una de las ferias más serias de septiembre. Brindó al respetable Roca. Como si no llegara a fin de mes, se puso de rodillas a torear en redondo, con pases cambiados antes. Perdió las manos el toro, que olisqueaba, y acortó mucho el viaje. Andrés sonreía, cómodo y sobrado. Meritoria fue una serie el natural de mucho pulso. Y una serie al final en pleno ataque para arrancar una oreja. Mató bien. Le pidieron la segunda. No fue de dos.

Al gran Daniel Ruiz también le hubiera encantado el quinto, Belicoso de nombre, que quiso guerra y  se quería comer la muleta de Roca, el heredero natural de El Juli, maestro de la casa. Andrés disfrutó del toro por ambos pitones. Las series frondosas, largas, de cinco y seis, de mandón, no de tres e irse como muchos ahora, los toques precisos, el temple en casa del Rey del Temple. A David López, de la escuela de Albacete, le dije que este quinto era toro de vuelta al ruedo a mitad faena. A Roca le gritaron “torero, torero”. Pidieron el indulto, desatada la pasión y la felicidad de ver torear y de ver un toro bravo. Varios esta tarde. Un faenón de un figurón. Un toro excepcional de Dani, el hijo de Daniel. Corrida para la historia.

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