
Manuel Caballero y Aarón Palacio se despiden de Albacete a hombros como novilleros
Aarón cuaja la faena de la tarde y Cortijo debuta con una oreja ante un manejable encierro de Montealto
Salvador Ferrer. Albacete
Novillos de Montealto, propiedad de Agustín Montes, bien presentados, de parejas hechuras y dispar comportamiento. Primero y quinto los mejores.
Manuel Caballero, de azul rey y oro, (oreja y oreja) saludó por verónicas al novillo que abrió plaza. Garbosa la larga y sabrosa la revolera tras gallear por chicuelinas. Montadito el Montealto. El quite por Chicuelo tuvo más voluntad que limpieza. Lo lidió muy bien Candela. El capote trató de hacer descolgar al utrero, que echó la cara arriba en banderillas. Quizá no fueran apropiados los muletazos por alto del prólogo. O sí, para darle aire. Rebrincada la embestida, que derrotaba en los finales. Manuel trató de someterlo por abajo jugando con las alturas. Sin clase, el novillo tuvo bondad y nobleza. Dócil.
Manuel Caballero tiene la alternativa a la vuelta de la esquina. Será muy probablemente en Hellín. Con un padrino que alternó muchas tardes de gloria y sufrimiento con su padre; y con un testigo del doctorado cuya madre es de Hellín y cuyo padre creció en el Barrio de Santa Cruz de Alicante. No se pueden dar más pistas. Los toros serán de encaste Atanasio.
El cuarto, de 511 kilos, tuvo cuajo pero adoleció de clase. Nula la entrega. Hizo pasar apuros en banderillas. Caballero se asentó y corrió bien la mano. Trazo recio, muleta alante, planta firme. Por él novillero no quedó, sabiendo que podía redondear la tarde… Y al final, en lo numérico, lo consiguió. El novillo, muy informal, no hizo dos embestidas seguidas iguales. Desclasado. Hubo disposición sin conquistar el lucimiento. La oreja bien valió una despedida a hombros como novillero de un apellido insigne en La Mancha y en el toreo.
Aarón Palacio, de verde hoja y oro, (ovación y dos orejas) se convertirá en nuevo matador de toros el próximo 20 de septiembre en Nîmes. Hacía tiempo que Aragón no vivía una ilusión tan sólida como la de Aarón, que torea muy despacio, y se apellida Palacio. Donde se doctoró Manuel Caballero, El Juli, Cristina Sánchez, César Jiménez, Román, Roca Rey… Frondoso el saludo a la verónica. Frío el público y galopón y bien hecho el utrero. Frío con el maño, amable con los manchegos. En el quinto ya rompieron. Ayudados de hinojos. Así prologó el novillero aragonés. Precioso un muletazo a dos manos. Muy macizo todo. Firme y preciso. Y aguerrido porque el novillo se vino abajo en un santiamén. No trascendió en los tendidos un trasteo de más fondo que formas. Cayó la espada.
Palacio firmó un buen recibo a la verónica. Anda bien y fácil con el percal. Luego brindó el quinto al maestro Sebastián Cortés, vetusta torería de perfume gitano. Y el público despertó con un inicio en la boca de riego con pases cambiados. Luego, Aarón firmó una serie en redondo muy reunido y encajado. Macizo el toreo. La mejor serie de la tarde. Trató de pulir asperezas el aragonés. Novillo basto de embestida vibrante. Se impuso Aarón con ciencia, inteligencia y paciencia. Y la clase y el gusto en remates y adornos. Unas ceñidas manoletinas constituyeron el epílogo antes de dejar una soberbia estocada perfecta de ejecución y colocación. Sólo la suerte suprema valía una oreja. Cortó las dos.
Nicolás Cortijo, de sangre de toro y oro, (oreja y ovación) debutaba con los del castoreño. El paso del eral al utrero es ya un eslabón considerable. A porta gayola se fue a las primeras de cambio el manchego. Luego un farol en el tercio y un fajo bien trenzado de verónicas. El castigo en varas fue excesivo y el novillo no podía con su alma.
Las luces se encendieron al salir el sexto. Cortijo quitó por saltilleras. Nicolás brindó a Manuel Caballero. De conquense a albaceteño. De novillero novel a novillero veterano. El de Pozoamargo comenzó de rodillas en redondo. No fue fácil el novillo. A regañadientes. Sin ritmo. Pero el debutante no perdió los papeles que como novel con caballos aún no tiene. Buena imagen. Si hubiera estado fino con la espada quizá se hubiera estrenado también a hombros. Tarde amable y palco benévolo.
