
La Quinta, imperial El Cid, Molina y Peñaranda protagonizan una gran tarde para aficionados
Maciza e inmensa obra al natural de El Cid, Molina pierde la Puerta Grande con la espada y Peñaranda firma una faena de hermosa limpieza.

Lunes 15 de septiembre 2025. Crónica de Salvador Ferrer. Albacete
Manuel Jesús El Cid, de azul noche y oro, (silencio y oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo), sustituyó a Fernando Adrián. Cárdeno bragado, achatado, muy en la línea de la casa, fue el primero, que se coló varias veces con la capa y apretó en banderillas. Si algo pegajoso fue en el capote de Manuel, luego mutó en una embestida al paso, midiendo y desentendiéndose. Sin emplearse. Mentiroso, pese al aparente buen aire. El torero de Salteras lo trató con suavidad y delicadeza al natural. Nunca se le notó a gusto. La cara del matador es transparente.
El cuarto brindó muy buenas arrancadas al torero de Salteras. Hurón fue un toro a más y mejor, agradecido al buen hacer de su matador. Merecedor de una vuelta al ruedo. Menudo temporadón de La Quinta: Valencia, Castellón, Bilbao, Albacete… El Cid dejó naturales de enorme categoría. Inmensa la zurda de Manuel Jesús, de las mejores del toreo contemporáneo. Por profundidad unas veces, y por emotividad otras. La panza de la muleta dejada caer, la izquierda volaba hasta el más allá. Macizo, redondo y rotundo el toreo al natural. Los olés nacían y morían roncos. El Cid en estado puro. Cumbre el toro de La Quinta, Hurón de nombre, cuajado por el sevillano. La música no arrancó. Sonó, eso sí, la música callada del toreo de El Cid. Palabras mayores. Al segundo intento, la espada cayó baja. Cuando le dieron la oreja a Manuel, ordenó a los músicos que cesaran. Gesto torero. Ni todos los ojos que miran, ven; ni todos los oídos que oyen, escuchan.
José Fernando Molina, de verde hoja y oro, (oreja y ovación tras aviso), firmó un vibrante saludo capotero. Verónicas ganadoras, que se dice, por ganar pasos y metros. Se desmonteraron José María Arenas y Caco Ramos en banderillas. Molina firmó pasajes notables al natural. Al toro, bueno y posible, le faltó algo de viveza. Y humillar más. No así nobleza. Hubo una serie de poder con la derecha, de imponerse y de fajarse. Volvió a la zurda y extrajo varios naturales soberbios. Algo fría la gente. O mucho. Faena meritoria, más honda al natural. De atracarse, estocada entera pelín contraria. Oreja merecida.

Al quinto lo recibió Molina genuflexo. Muy lidiador, en torero. Volvieron a desmonterarse Arenas y Ramos. Tragó tela Molina ante una embestida incierta. Por el pitón derecho se expresó y se reunió con el de La Quinta. Arrancó la música y el público la paró en dos segundos. Qué democrático es el espectáculo del toreo. Al natural, lo llevó cosido, el de pecho bordado. Acabó algo desentendido el de La Quinta… Molina perdió la oreja y la Puerta Grande con los aceros. Mismo balance estadístico que en su primera tarde. Pero las sensaciones de torero hecho ahí quedaron.
Alejandro Peñaranda, de tabaco y oro, (ovación tras aviso y ovación), se sacó a los medios a su primer toro con primorosa despaciosidad. Lidia y toreo, unidos por la cadencia. Brindó al público. Albacete quiere a este torero como suyo aunque sea conquense de Iniesta. Limpio el prólogo, rítmico. A su altura, perfecto el límpido trazo. La medicina del temple. Por el izquierdo protestó el cárdeno. Hubo otra serie en redondo perfecta. La muleta puesta, la embestida embarcada, los muletazos ligados, el de pecho para vaciar. Tan clásico, tan castellano, tan medido. Sobrio y sentido. La última ronda fue con la derecha sin espada, con los flecos. Hizo amagos de rajarse. Con los aceros perdió una oreja de peso.
Al sexto, negro y axiblanco, le hizo Peñaranda un buen quite por chicuelinas. Con la bamba por delante, muy suave. Gran par de Basilio Mansillas y buena la brega de Candelas. El toro salía con la cara arriba. Sin entrega, sin humillar. Tuvo mérito la firmeza del conquense. Un torero que ilusiona.


