
La corrida de Victorino se carga el broche de una feria y de una afición que merecía otro final
Los toreros, muy por encima de un sexteto de Victorino bien presentado pero descastado y deslucido.
Miércoles 17 de septiembre 2025. Crónica de Salvador Ferrer. Albacete
Victorino Martín, que fue novillero, es veterinario, es hijo de uno de los mejores ganaderos de la historia, quizá del mejor, y es presidente de la Fundación Toro de Lidia, lidió un encierro soberbio de presentación y de muy pobre juego. Un borrón.

Rubén Pinar, albaceteño De Santiago de Mora, de azul marino y oro, (ovación y vuelta al ruedo tras leve petición), se sacó al primer Victorino a los medios. La lidia antigua: el toro se frenó nada más oler a seda. Y en la muleta, escarbó y midió. La mirada viva, desafiante. Casi 550 kilos de bravura aguada. A Victorino le da status el toro bueno que humilla y es bravo, y aviva el mito el malo, la alimaña que dice Ruiz Miguel. Este no fue ni una cosa ni la otra. Hizo bien Pinar en cazarlo. Con la boca cerrada se echó el bicho.
El cuarto, media tonelada más un kilo en la tablilla, evidenció falta de fuerzas. Blandos los apoyos. Perdió las manos mucho. Pero Pinar lo trató con exquisito pulso. No se le cayó ni una vez. Consiguió meritorios muletazos. Se jugó el tipo entre miradas, parones y coladas. El que no dudó fue el torero. Vergüenza torera se llama eso. El público reconoció el esfuerzo y hasta le pidieron la oreja. Bien por Albacete en saber ver a los toreros en función de ls condiciones del toro. Dio una vuelta al ruedo.


David Galván, de San Fernando, de malva y oro, (ovación y palmas), brindó su faena a Pascual González Masegosa, cirujano de la Plaza de Toros de Albacete. Tenía celo y viveza el cárdeno. Y buen ritmo. Buen toro, bravo e importante. Galván lo gozó en una serie a derechas templadísima. Lo llevó muy tapado David, sin fisuras y sin rendijas. Hubo una serie muy maciza al natural. Los vuelos al hocico, aguantó paraditas y miradas el torero. Se le fue la espada muy trasera. Eso no tapó una más que sólida y torera labor. La mejor faena de la tarde.




El quinto, de nombre Cobradiezmos como el toro que indultó Manuel Escribano en Sevilla, cárdeno claro, apretó en varas. Despegado del suelo, se emplazó casi en los medios, engallado. Esperó en banderillas, mirada de zorro. Juan Carlos Rey expuso con los palos. El público lo hizo desmonterarse. Las embestidas eran regates: a años luz de la inmensa clase del genuino Cobradiezmos. De pasar un trago gordo, de sudar y sufrir.
Ginés Marín, extremeño nacido en Jerez, de verde botella y oro, (ovación y ovación tras aviso), se las vio con un Victorino de 465 kilos, ofensivo y serio. Más cara que caja. Humilló tela en el recibo, evidenció poca fuerza. De pacífico son el toro, cada vez se quedaba más corto.
El sexto pesaba 611 kilos. Hondo, cuajado, redondo, con sus pechos y su cara de hombre. La tarde iba por el despeñadero. Con la montera calada faenó Ginés, que trató de sacar bravura de un pozo seco. Cada vez más corta la embestida, a regañadientes. Se pegó un arrimón Ginés. Mucho mérito. Quizá los pinchazos le privaran de cortar una oreja. Quién sabe.

Posdata:
Concluyó el ciclo albacetense, de los más importantes de España, y se cerró la Feria de la Virgen de Los Llanos con el último espectáculo programado por la UTE Casas Amador. La gestión ha sido impecable. Ahí están los resultados, los abonados y la respuesta de público a esta feria. Albacete merece un pliego a la altura de su afición. Más certezas, hechos y menos teoría. La labor de Casas y Amador ha sido ejemplar. Si más que un concurso se celebrara un plebiscito, quizá ganarían por mayoría absoluta. Ojalá el Ayuntamiento esté a la altura de las circunstancias y de la historia y la cultura taurina de Albacete. No quedan muchas ciudades con el vigor, la salud y la vigencia del toreo como en Albacete.


